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sábado, 17 de enero de 2015

Como detectar a una manipuladora (relato corto)

Ella era la amiga, o novia, o no sé que de ya no recuerdo quién. Podría haber sido todo a la vez. Nunca supe si fue mi amiga, novia o amante, y tampoco estoy seguro de que le haya importado más ser una cosa a la otra. No era muy linda, ni muy charlatana, pero tampoco era fea y mucho menos tímida. Tenía una especie de encanto, no era demasiado "muy" en ningún sentido, pero eso la hacía seductora. Era la clase de chica que te llama la atención...sigo sin entender porque. La cuestión es que al principio para mi ella era una más, yo hablaba con ella como lo hacía con otra de mis tantas amigas, y ella dominaba la conversación siempre. No le importaba como estaba, me sentía, o que había hecho, a pesar de que varias personas me contaron que hablaba obsesivamente de mí y observaba cada movimiento mío. Esas mismas personas, hablaron de ella en términos de manipuladora, bipolar, fría, calculadora, inteligente y con un temperamento muy agresivo. Parecía tan tranquila ante mis ojos. La ví reírse, llorar, la tuve seduciéndome rebuscadamente, como lo hacía con todos. Desde mis familiares hasta los vendedores, ella siempre decía "hasta luego" o "Cómo le va?" de una forma tan educada...sin embargo, esto no la hacía mas seria, ni más formal, sino que por el contrario, le daba color a su personalidad. Como amiga, era divertida, buena (al menos eso creí), simplemente copada, y siempre sabía de cualquier tema que le hablaras. Nunca ibas a tocar un tema de conversación con ella y obtener una respuesta corta o aburrida. Podíanos hablar de todo lo que se nos ocurriera.
Una de las primeras cosas que comenzó a llamar mi atención, es que le gustaban las mismas cosas que a mí. La investigué un poco más y me enteré que todo le interesaba, tenía intereses de lo más variados y cualquier cosa le resultaba interesante.
Lo segundo que me sorprendió fue que no tenía problemas en darme su opinión abiertamente. "Saliste hermoso en esa foto", "Esa remera te hace feo". Me decía halagos, me invitaba a salir, y demostraba su afecto sin problemas. Eso me gustaba. Cuando la conocí mejor, eso era lo que más me encantaba de ella.
Tercero: se salió con la suya. Parecía la clase de chica a la que podía decirle que no me interesaba, o que no quería novia por el momento y se largaría a llorar, pero no. Hacía de cuenta que nada había pasado, cambiaba de tema, me seducía, y ahí estaba de vuelta. Me fastidiaba la idea de una mujer haciendo conmigo lo que se le antojara, pero era tan simpática que simplemente aceptarla ya no era una opción

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